A horas de haber ejercido mi deber de ciudadana en un país democrático, la votación, me apena mucho haberme enterado del secuestro del presidente Zelaya de Honduras. La libertad de los pueblos latinoamericanos, una vez más, es violada. Más allá de todo pensamiento político y de toda tendencia partidaria, aparece una vez más el fantasma que tanto nos atemorizó décadas atrás, no muy lejanas, pero que creíamos casi abolido. Evidentemente, el ansia de poder puede más que la dignidad de quienes sostienen día a día una patria con trabajo y esfuerzo.
Siento tristeza. Y preocupación.
La ironía de lo que nunca fuimos
Hace 11 horas